2026-06-28 · El Mercurio
La cestería de Barabón: un oficio de siglos que sigue vivo junto al río Yanuncay

En la comunidad de Barabón, al oeste de Cuenca, artesanos como María Morocho y Manuel Nariguanga tejen cestas desde niños, manteniendo vivo un oficio ancestral que enfrenta la migración y el olvido. Una historia de raíces, resistencia y orgullo cuencano.
A pocos kilómetros del centro de Cuenca, orillas del río Yanuncay, existe una comunidad que guarda entre sus manos un secreto de siglos: la cestería de Barabón. Allí, artesanos como María Morocho —de 67 años— y Manuel Nariguanga —de 75— siguen tejiendo con el suro las mismas formas que aprendieron de sus abuelos. María empezó a tejer a los 12 años. Manuel, también desde niño. Para ellos, el tejido no es solo un oficio: es parte de quiénes son.
El suro, la fibra natural que da forma a las cestas, se conseguía antes directamente en los alrededores de Barabón. Hoy viene principalmente de Molleturo, un testimonio silencioso de cómo el entorno cambia pero el oficio se adapta. Lo que no ha cambiado es la paciencia, la precisión y el conocimiento que solo se aprende viviendo al lado de alguien que ya sabe hacerlo.
Una figura que da esperanza a la continuidad de este oficio es Byron Tenesaca, artista visual y educador cuencano que representa la quinta generación de tejedores de su familia. Luego de vivir 18 años en Estados Unidos, Byron regresó con la convicción de que el saber ancestral merece ser preservado y mostrado al mundo. Hoy trabaja para que las nuevas generaciones no pierdan el hilo —literalmente— de esta tradición.
El principal desafío que enfrenta la cestería de Barabón es la migración: muchos jóvenes se han ido, y con ellos se ha cortado la transmisión natural del oficio de padres a hijos. Pero mientras haya manos como las de María y Manuel, y voces como la de Byron que insisten en el valor de lo propio, este tejido ancestral tiene futuro.
En CholitaGo creemos que cada artesano es un emprendedor con historia. Las cestas de Barabón no son solo productos: son identidad cuencana, cultura viva y un recordatorio de que los pequeños negocios con raíces son los más difíciles de reemplazar.