2026-07-11 · El Mercurio
Tradición que rinde frutos: 25 emprendimientos de turismo comunitario crecieron sus ventas un 53% con el programa La Incubadora

Un programa financiado con cooperación internacional apoyó a 25 negocios de economía popular y solidaria en Azuay, Loja, Pichincha y Manabí. El secreto de su éxito: apostar por la identidad cultural y el patrimonio local.
Un proyecto que mezcla cultura, turismo y emprendimiento acaba de cerrar con resultados que dan esperanza. El programa La Incubadora —parte de la iniciativa "Patrimonio Solidario y Turismo Sostenible" liderada por la Fundación ACRA con financiamiento del Fondo Ítalo-Ecuatoriano para el Desarrollo Sostenible— acompañó durante meses a 25 emprendimientos de la economía popular y solidaria en cuatro provincias: Azuay, Loja, Pichincha y Manabí.
Al cierre del programa, los números hablan solos. En promedio, los negocios participantes aumentaron sus ventas un 53% respecto al año anterior. Tres de ellos —AsoturiMazar, Piedra Carachula y Laguna Curiquingue— superaron el 100% de crecimiento. Además, se generaron 364 empleos directos y 220 indirectos, con un dato que emociona: el 51% de los puestos de trabajo quedó en manos de mujeres y el 20% en jóvenes de entre 18 y 29 años.
Otro logro significativo fue el de la formalización. Siete emprendimientos completaron su constitución legal durante el proceso, y otros nueve están en camino. El acceso a capital semilla permitió que 21 organizaciones dieran un salto en su capacidad productiva.
Verónica Proaño, representante de ACRA en Ecuador, resume la lección principal de toda la experiencia: "Uno de los principales aprendizajes fue que muchas organizaciones encontraron en su identidad, tradiciones e historia un camino para impulsar su desarrollo." No fue la tecnología ni la moda lo que los hizo crecer: fue saber quiénes son y mostrar eso al mundo con orgullo.
Esa misma lógica es la que impulsa a miles de emprendedores ecuatorianos cada día. Si tienes un negocio enraizado en tu comunidad, en tu receta de abuela, en tu técnica artesanal de siempre o en el paisaje de tu tierra, ya tienes lo más valioso. La clave está en contar esa historia bien, y en no subestimarla.