2026-09-25 · El Universo / Banco Central del Ecuador
Las remesas de los ecuatorianos en el exterior proyectan un récord de $8.000 millones: ya igualan al petróleo
El Banco Central proyecta que en 2026 los migrantes ecuatorianos enviarán $8.020 millones a sus familias —el máximo histórico—, una cifra que por primera vez iguala lo que el país recibe por exportaciones de petróleo. Ni el impuesto de Trump ni las deportaciones han logrado frenar el flujo.
Hay un número que vale la pena detenerse a leer: $8.020 millones. Eso es lo que el Banco Central de Ecuador proyecta que los migrantes ecuatorianos enviarán a sus familias en 2026, un récord histórico que nunca antes había alcanzado esta cifra. Para ponerlo en perspectiva, el país recibe aproximadamente lo mismo por vender petróleo al mundo. Las remesas, ese dinero que viaja silenciosamente desde Nueva York, Madrid o Milán hasta Guayaquil, Cuenca o Loja, ya son tan importantes para la economía ecuatoriana como uno de sus principales recursos naturales.
Los datos del primer trimestre de 2026 lo confirman: entre enero y marzo llegaron $1.856,7 millones, un crecimiento del 7,7% frente al mismo período de 2025. El grueso del dinero viene de los Estados Unidos, que concentra el 77,6% del total ($1.441 millones solo en el primer trimestre). España es el segundo origen con $264,7 millones, seguida de Italia con $34,5 millones. La comunidad ecuatoriana en el exterior, que se estima supera el millón de personas, sigue mandando más cada año.
Lo sorprendente es que este récord llega en medio del endurecimiento migratorio en Estados Unidos. Desde el 1 de enero de 2026, Washington aplica un impuesto del 1% a ciertas transferencias de dinero en efectivo, y las deportaciones y redadas han generado incertidumbre entre la comunidad inmigrante. Sin embargo, los datos del Banco Interamericano de Desarrollo señalan que todavía no se ve un efecto significativo en el volumen de las transferencias. Una razón que explican los analistas: cuando hay menos migrantes compitiendo por el mismo trabajo, los que permanecen tienen mayor poder de negociación salarial y terminan ganando más. La persecución, paradójicamente, puede haberles subido el salario a quienes no se fueron.
Para Ecuador, estas remesas no son un simple renglón estadístico. Son el alquiler pagado a tiempo, la matrícula escolar, la consulta médica, el negocio familiar que no cerró. Se estiman en alrededor del 6% del PIB nacional. Cada dólar que llega desde el exterior entra directo a la economía real, fortalece la dolarización y reduce la dependencia del país frente a los vaivenes del precio del petróleo.
Que las remesas hayan alcanzado la misma magnitud que el petróleo dice algo profundo sobre Ecuador: los ecuatorianos que viven lejos de su tierra siguen apostando por ella. Trabajan, ahorran y mandan. Y ese vínculo afectivo —esa combinación de sacrificio y amor familiar que cruza fronteras cada mes— sostiene partes enteras de la economía que ningún contrato de exportación podría reemplazar.