2026-09-13 · Primicias
Veinticinco años después: los ecuatorianos que vivieron el 11-S desde adentro

A 25 años del ataque que derrumbó las Torres Gemelas, cuatro ecuatorianos en Nueva York recuerdan ese martes de septiembre de 2001. Quince compatriotas murieron ese día; uno de los sobrevivientes pasó tres meses y medio como voluntario en la Zona Cero.
Para los ecuatorianos que vivían en Nueva York en septiembre de 2001, ese martes no es una fecha en el calendario: es una cicatriz que aún pesa. Veinticinco años después del ataque terrorista que derribó las Torres Gemelas y golpeó el Pentágono, cuatro integrantes de esa comunidad comparten lo que vieron, lo que sintieron y lo que aquella mañana transformó para siempre en sus vidas.
La comunidad ecuatoriana en Nueva York fue golpeada de lleno. Quince ecuatorianos murieron ese 11 de septiembre de 2001 — en su mayoría migrantes que trabajaban en el corazón financiero de Manhattan, dentro del mismo World Trade Center que el mundo vio desplomarse en vivo por televisión. Muchos otros presenciaron la tragedia desde la calle o desde oficinas cercanas, con el teléfono en la mano tratando de comunicarse con familiares.
Ramón Vera, supervisor de producción en El Diario, miraba desde su lugar de trabajo cuando el segundo avión impactó la Torre Sur. "Vi a personas lanzarse desde los pisos superiores", recuerda. Sus palabras describen lo indescriptible. Louis Charvet, que entonces era estudiante y hacía turnos de limpieza, vivió la versión más perturbadora de ese día: su supervisor le negó un turno adicional en el World Trade Center justamente la mañana del ataque. "Gracias a él, que me dijo que no, creo que estoy vivo", contó Charvet.
Wilson Sánchez tomó un camino diferente frente al horror: en lugar de alejarse, se acercó. Dedicó tres meses y medio como voluntario en la Zona Cero, trabajando en las labores de rescate entre los escombros. Hoy emplea parte de su energía en impulsar la regularización migratoria de otros voluntarios que ayudaron sin documentos en ese mismo lugar — personas que se jugaron la salud respirando el aire contaminado de Ground Zero sin ningún respaldo legal de por medio.
Para los ecuatorianos que viven fuera del país, el 11-S tiene una dimensión muy concreta: la de una comunidad que sufrió la tragedia en carne propia. Que quince compatriotas hayan perdido la vida ese día, y que haya quienes como Wilson aún luchen por el reconocimiento de los voluntarios migrantes, es una historia que merece no olvidarse — tampoco desde Ecuador.